Autor (Cañeque, 2016)
El TOC (Trastorno
Obsesivo compulsivo): está caracterizado por fuertes, frecuentes y
desagradables sentimientos de malestar, combinados con la repetición de
acciones dirigidas a disminuir ese malestar. Quien lo sufre experimenta
constantes pensamientos o imágenes involuntarios que lo agobian y producen
ansiedad. Esas ideas obsesivas, por lo general, emanan de un potente miedo a
algo. El grado de impedimento puede ser leve, moderado o severo según el tipo
de obsesiones y compulsiones, el tiempo que les obliga a consumir, el grado de
vergüenza o aflicción o la vivencia de descontrol. Algunas veces el grado de
deterioro es tal que los pacientes requieren ser hospitalizados. Algunas
personas con TOC piensan que algo anda mal en su cabeza o que están locos. Por
eso tienden a ocultar sus síntomas durante mucho tiempo y a postergar la
consulta médica. Los niños con TOC expresan con más facilidad sus fantasías de
locura y descontrol diciendo por ejemplo que tienen “un tipito” adentro que les
hace hacer cosas que no quieren. El TOC no sólo afecta a la persona sino
también a su familia entera, la que con frecuencia tiene dificultad en
comprender la naturaleza de los síntomas malinterpretándolos como
intencionales. Las personas con TOC llegan a agotar a sus familiares quienes
con frecuencia quedan involucrados en sus síntomas, consumiendo su tiempo y
energía y por sus rasgos de rigidez comportamental que los hace personas con
las que es difícil convivir. Tanto niños como adultos con TOC suelen presentar
un temperamento obstinado, irascible y depresivo manifestándose en los niños
con rabietas frecuentes, conducta oposicionista y aún problemas de aprendizaje
mientras que los adultos con TOC refieren problemas en sus vínculos de pareja e
interpersonales así como subempleo y menor rendimiento laboral y académico,
constatándose en ellos frecuentes trastornos de la personalidad y depresión.
¿Cómo
podemos explicar el origen y el mantenimiento de este tipo de problema?
La explicación actual baraja factores de
diferentes tipos que pueden contribuir a generar en la persona una
vulnerabilidad elevada a desarrollar el trastorno.
Factores
Biológicos: Hay datos que
sugieren cierta heredabilidad genética del TOC: las personas con este trastorno
tienen 4 veces más probabilidades de tener otros familiares TOC que personas
sin el trastorno. Otros estudios encuentran diferencias entre personas TOC y
personas sin el trastorno en el funcionamiento de ciertas regiones cerebrales
(fundamentalmente, corteza órbito-frontal, núcleo caudado y ganglios basales).
Factores
socio-ambientales: Determinados
estilos educativos que enfatizan la responsabilidad y el perfeccionismo, o una
formación moral o religiosa que establezca rígidamente la frontera entre lo que
está bien y lo que está mal o que conceda una importancia especial al
pensamiento, concediendo la misma importancia (gravedad) al hecho de pensar
“cosas malas” que al hecho de hacerlas pueden sin duda contribuir a la
aparición de un TOC. La sobreprotección de los padres puede favorecer el
desarrollo de una vulnerabilidad a la ansiedad en los hijos, asociada al
déficit en el desarrollo de habilidades de afrontamiento y solución de
problemas o al aprendizaje de miedos por condicionamiento clásico. Asimismo, modelos
familiares de personalidad obsesiva o comportamientos compulsivos pueden
favorecer aprendizaje por modelado. También pueden contribuir a moldear el
desarrollo del TOC factores de tipo sociocultural, fundamentalmente creencias
culturales, morales y/o religiosas que enfaticen la importancia de unos
aspectos (por ejemplo: moral, limpieza, pecado) y resten importancia a otros o
incluso juzguen negativamente (por ejemplo: placer, disfrute, juego).
Factores
psicológicos: (variables
disposicionales). Algunas variables que pueden predisponer a desarrollar un TOC
(y a mantenerlo, una vez desarrollado) están relacionadas con el repertorio
conductual de la persona, moldeado por su historia de aprendizaje particular.
Algunas de las más importantes son creencias (reglas verbales) que sobreestiman
la importancia del pensamiento y la responsabilidad o implicación de la propia
identidad en lo que se piensa (“pensar algo malo es igual que hacerlo”) y/o
exageran la conexión entre pensamiento y realidad en lo que se ha denominado
fusión pensamiento-acción (“pensar algo puede hacer que ocurra”). La
intolerancia de la duda o incertidumbre, la hiperresponsabilidad, el
perfeccionismo entendido como la creencia de que existe una respuesta perfecta
para todo y que los fallos son intolerables porque pueden producir
consecuencias terribles y la exageración de la importancia de controlar los
pensamientos inaceptables son también variables disposicionales fundamentales.
El temor a cometer errores puede asociarse a una gran dificultad para tomar
decisiones y la tendencia a transferir a otras personas esta responsabilidad.
Todas estas variables psicológicas podrían contribuir a formar esa disposición
a desarrollar un TOC cuando se produce algún acontecimiento estresante en la
vida de la persona. (Modelo de vulnerabilidad-estrés; Zubin y Spring, 1977)

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